martes, 1 de noviembre de 2016

Living is easy with eyes closed o cómo dar una respuesta clara a una pregunta que no lo es.


¡Hola de nuevo!

Esta vez voy a ponerme a escribir sin tener una idea clara ni estructura de lo que voy a decir, ya lo aviso, Tengo un café delante, el flexo encendido para no dejarme los ojos escribiendo y la música a todo volumen para que lo que escribo sea puro, sin reflexión. Salga lo que salga, será lo que me ronda por dentro del melón, que sitio hay de sobra ahí para almacenar cosas. XDDDD (Maldito UNE). La situación es tal cual refleja la foto de la izquierda.


Todo empieza con una reflexión que llevo un tiempo haciéndome: lo fácil que es vivir sin hacerse preguntas. En el momento en que te haces cualquier tipo de pregunta o la exteriorizas para hacérsela a un tercero, la has cagado con todo el equipo porque has hecho como una especie de movimiento ninja para salirte del adormecimiento en el que vives y eso ya implica problemas. Es mucho más fácil vivir sin preguntarte cosas, dejarte adormecer y usar la rutina como escudo, lo cual nos da una falsa sensación de seguridad que, en cualquier momento, acaba saltando por los aires, cuando menos te lo esperas. Nos pasa con todo: desde nuestra vida profesional hasta nuestra vida personal, pasando por el aspecto de nuestra vida más político (que todo el mundo lo tiene aunque ahora esté de moda negarlo). Conozco gente que lleva trabajando años en algo que detesta, con gente que detesta y cobrando algo que detesta; pero también conozco a alguno que decidió preguntarse qué quería en un momento de su vida, se hizo una paella valenciana con las respuestas que se dio él mismo y decidió invitarnos a todos los amigos a comer. Cambió su vida y lo hizo con valentía, para no resignarse a vivir una vida que no le acababa de convencer. Tenía experiencia en echarle coraje, ya lo había hecho antes; pero no por ello tiene menos mérito. Todo un golpe de timón valiente aunque recibió algo de fuego amigo al hacerlo (era inevitable). Y estoy orgullosa de ti, que sabes que eres tú de quien hablo.


Al hacerte preguntas siempre te sientes acechado 
En mi caso precisamente no me considero una persona de reflexiones  largas y concienzudas: soy bastante práctica a la hora de enfrentarme a las cosas de la vida; mis cercanos están hartos de escucharme decir: "Problema-solución-FUERA". No me gusta quemarme la azotea ininterrumpidamente: soy de esa gente que necesita aire a veces para encontrar la solución, me pasaba en mis largos días de biblioteca (en los que salirme del edificio era casi una religión cuando me atascaba con alguna asignatura) y me pasa en mi vida profesional ahora mismo. No puedo evitarlo (y tampoco quiero); no son pocas las veces en las que la solución a un problema la he encontrado a posteriori en una terraza de bar charlando con mis amigos o en algún viaje. Es mi modus operandi: efectos retardados. Mi amigo trotamundos es como yo en esto y por eso siempre nos hemos entendido muy bien, llegando casi a arreglar el mundo a horas intempestivas de la noche, entre cervezas y risas. 



En temas de privacidad nos pasa lo mismo: nos hemos acostumbrado a no hacernos preguntas, actuandos por impulso. El problema es que cuando te plantas para hacerte preguntas, no es fácil entender las respuestas que encuentras, y acabas desanimándote. Entras en un círculo vicioso del que salir da pereza, lo sé. Cuando digo esto pienso también pienso: "vale, quiero respuestas claras y sencillas para algo que, objetivamente, no es ni claro ni sencillo", y ya la hemos liado otra vez. Si encuentras una respuesta directa y sencilla a una cuestión que no lo es, hay dos vías: o que te estén omitiendo información o que te hayas complicado demasiado al hacer la pregunta. Ponte a plantearte esto y decide qué quieres: una respuesta transparente y compleja o una respuesta sencilla a la que seguro le faltan datos. Si eliges la primera opción, te encuentras con unas condiciones legales infumables que muy posiblemente no te aclararán; si te decantas por la segunda, seguirás con dudas también. Bien: no hay solución buena o mala, es que quizás igual no hay solución tal y como la entendemos normalmente. Lo que sí hay es problema, créeme: un problema que no entiendes y para el que hemos dado nuestro consentimiento (a veces pseudo expreso, otras veces tácito, pero consentimiento, al fin y al cabo). Nos hemos quedado perdidos en el camino y nos han adelantado por la derecha; ni siquiera hemos sido conscientes del momento, pero ha pasado, y eso es lo que cuenta. Y sin haber encontrado una solución, se nos acumulan y saltan a las nuevas generaciones. No teníamos un croquis para los mayores, lo vamos a tener para los menores,juju. Aunque por otra parte, puede ser una especie de segunda oportunidad para enmendar errores y hacer las cosas bien esta vez. Quién sabe.

Al final, lo que quiero saber, desde el lado legal, es lo siguiente: ¿qué quieres que te cuente, la verdad 100% o prefieres elegir practicidad? De eso dependerá cómo me plantee la respuesta a tus preguntas, las cuales las haré mías también para plantearlas a otros terceros. Desde el lado no legal, no tengo respuesta a esa pregunta: lo mío está más complicado que lo tuyo, como ves

En fin: que tengas en cuenta a la hora de hacer cualquier movimiento, que estás dando una respuesta clara a una pregunta que no lo es y que yo, que también estoy en el otro lado, te estoy dando una respuesta lo más digerible posible a una pregunta que tampoco tengo clara. Igual es hora de plantearse cuál es la pregunta para poder saber cómo la respondemos...

Y para poner la guinda al pastel, te dejo una de las canciones que he escuchado en bucle desde que he empezado a escribir



Piensa bien la pregunta para que yo pueda pensar la respuesta que te doy. 

Feliz día de los ausentes.