miércoles, 12 de octubre de 2016

¿Un Gran Hermano en los colegios? No, gracias, no me gusta nominar.


¡Hola de nuevo!


Lo reconozco,voy a hacer algo que critico siempre: escribir a golpe de titular. No puedo evitarlo esta vez tras llevar una semana viendo cómo en las noticias se hacen alegatos casi sin disimulo acerca de la necesidad de poner cámaras en los colegios para luchar contra una de las lacras de estos tiempos: el acoso que sufren algunas criaturas. Me decido a contaros mi opinión teniendo en mente a una de las personas más importante de mi vida: mi pequeño Iurisobri, ya conocido de sobra por los que os asomáis por mi perfil twittero. Le traigo a este post para meterme en perspectiva y partir de una idea clara: si alguien le hace el mínimo daño al Iurisobri, me arderían las tripas. Y por eso entiendo que a las familias de las víctimas, especialmente a esas madres y a esos padres, les arda el interior de ver cómo sufre su peque. De eso se trata este post: de hablar con la mente fría pero con el corazón caliente. Vamos a ver qué sale.



Tal y como comentaba, va calando en la sociedad poco a poco la idea de que necesitamos cámaras en los coles. Bien; ya tenemos experiencia en esto, en crear necesidades: nos pasó con el móvil y ya todos tenemos uno, a excepción de aquellos que resisten y a los que, personalmente, admiro profundamente. Esto funciona así: creamos una necesidad, argumentamos que es la única vía y todo solucionado. Pues no: puede que en temas de Marketing sea así en algunos casos (no soy una experta, para estos lares gente como Sara Molina, de Marketingnize es la clave), pero, afortunadamente, en temas de Derecho, no debe funcionar de esta forma. Si en Derecho todo fuera así, nos encontraríamos con soluciones salomónicas poco apropiadas: desde cortar por la mitad el piso de los que se divorcian hasta volver a los tiempos oscuros del ojo por ojo. No sé vosotros, pero no es mi plan. Voy a poner sobre la mesa las aristas de normalizar el uso de cámaras para todo, especialmente en los coles: aquellos detallitos que muchos obvian por desconocimiento o intencionadamente, pero que deben estar presentes en el debate. Sin ellos, el debate se queda corto, en mi humilde opinión. 


Cosas a poner sobre la mesa:



1) El establecimiento de un Gran Hermano por regla general.

¿Tenemos un problema? Usamos cámaras para evitarlo, directamente. Oigan, la imagen de una persona y el derecho que tiene a su esfera íntima es muy importante, no se reduce a lo que pasa en su casa. Defiendo a capa y espada tener mi parcela de intimidad dentro y fuera de casa y asumo con  relativa resignación saber que mi imagen se capta en sitios como el metro o algunas tiendas o restaurantes. Pero es que yo soy mayor de edad y mi pequeño Iuirsobri, no. Y el tener cámaras no ha evitado que siga habiendo atracos en establecimientos o que la gente se cuele en el metro: ¿va a evitar que se sigan produciendo estas situaciones tan execrables? Yo no lo creo, y aquí me agarro con fuerza a lo revelado por Snowden: una ultravigilancia no ha evitado que algunos malnacidos hagan el mal, no creo que con niños sea diferente, sinceramente. Pensemos en ello.



2) El colegio debe ser un lugar seguro, y  no olvidemos los derechos de los trabajadores.

En un centro escolar no sólo hay niños: hay personal de limpieza, profesores, el monitor del comedor, el que viene a cambiar un cristal, el padre que va a recoger al niño malo... ¿es lógico grabar a todo el mundo y establecer como norma la presunción de que todo el mundo es malo?hay trabajadores que aciertan y se equivocan como cualquier hijo de vecino. ¿O es que aquí nadie se equivoca en su trabajo? Donde hay que poner el dedo es en los motivos de esos errores y enmendarlos. Por lo que me comenta gente allegada que trabaja en los colegios, muchos de estos errores se deben a falta de medios y de formación específica para atajar estas situaciones. Vayamos ahí, a que los colegios tengan herramientas, directrices, a que los niños no miren a la cámara sino a los profesionales que pasan el día a día con ellos, con los que establecen una relación de confianza, de tú a tú. Fortalezcamos el calor humano y la cercanía: el colegio debe ser un sitio seguro porque es su esencia, no porque haya cámaras. No hagamos de una cámara el elemento clave de nuestra tranquilidad; el profesional puede actuar y ver cosas que una cámara no va a recoger. 


3) Los derechos de los niños.

Obvio que deben estar presentes y habrá que confrontarlos con la necesidad de los padres de estar tranquilos, más que razonable. Pero pensemos una cosa: ¿dónde van a ir esas imágenes? ¿qué pasa si acaban en manos no deseadas? Y esta última pregunta va con intención, ya que proliferan como setas los sistemas de videovigilancia laboral montados rudimentariamente: "me cojo una cámara y la conecto a mi móvil". Y me da igual que cualquiera pueda acceder libremente a esas imágenes porque no soy consciente; pero oiga, que usted no se lo plantee no implica que no pase. Con una pequeña búsqueda en internet podemos encontrar imágenes de muchos trabajadores en su día a día, incluso podemos coger unas palomitas y ver cómo un camarero le pone el café a su cliente, y podemos juzgarle desde casa: ¿ha sido lo suficientemente simpático con el cliente? ¿le ha mirado mal? . Creedme: esto pasa todos los días y no pocos jefes pasan el día colgados al teléfono para decirle a sus empleados que rectifiquen algo que acaban de hacer,  todo porque lo ha visto en las imágenes. Pasándose todo lo que viene a ser LOPD por el arco del triunfo, y haciendo de la desconfianza una dudosa bandera. Traslada esto a los coles: ¿ a quién damos acceso? ¿al director sólo, a los padres del niño que sufre, a los padres del niño que acosa o a todos los padres "por si acaso"? ¿o damos acceso a todo kiski para que vean y juzguen lo que se debe o no hacer? Incluso puede ser que pongamos en bandeja que el acoso salga de las aulas y acabemos dando más material a los acosadores. Sabemos que cuando cerramos la puerta del cole no se acaba el sufrimiento; si no podemos garantizar mínimamente que las imágenes vayan a estar seguras, es un riesgo demasiado alto, ¿no creéis?


4) La más que probable estigmatización y normalización de una conducta no apropiada.

Vuelvo al punto anterior: descontrol de las imágenes. De repente dentro de 10 años alguien reconoce a su compi de trabajo en un vídeo grabado en su edad escolar y juzga un error/sufrimiento pasado con los ojos actuales. Todo el mundo se equivoca y tiene derecho a rectificar, y más un niño. Y todo el mundo tiene derecho a querer olvidar su sufrimiento y a empezar una nueva vida. Es parte del desarrollo emocional de una persona. No quiero condenas pro-futuro: ni a ser un acosador ni a ser una victima. 
Por otra parte, acostumbrarnos a ver cámaras en los colegios nos mandará un mensaje negativo de inicio: "si hay cámaras es porque aquí hay problemas". Seamos sinceros: vemos una cámara y todos pensamos en negativo, y si esto lo ves todos los días, implicará que te acostumbres a que el hecho de que haya problemas es "normal". Y no lo es; precisamente hay que desterrarlo de todo lo que implique normalidad. Ya lo hicimos con quemar gente en la hoguera; no es tan difícil. La normalidad cambia, afortunadamente.


Al hilo de este tema, os recomiendo este reportaje en el que participa de forma genial mi querida Olga, del despacho Iuris Estudio Jurídico, en el que se aborda el tema desde diferentes perspectivas. Se agradece ver que se abre el debate y que hay algo de resistencia a la idea de necesidad que va calando.




Y para poner el punto final a este post, un llamamiento a la cordura: No caigamos en la falsa sensación de seguridad basada en el control absoluto de todo y en todo momento; ya vimos que no resultaba infalible. Utilicemos herramientas como la empatía, la confianza, la formación, la libertad... como raíces para estar seguros: somos humanos, tenemos consciencia y un bonito cerebro que igual que es capaz de lo mejor, puede sacar a relucir lo peor de nosotros. Luchemos con herramientas, no con armas. Las herramientas construyen, las armas, destruyen. Y las herramientas son una inversión pro-futuro, las armas son "soluciones" temporales. Los niños son el futuro y de nosotros depende que sean adultos acostumbrados a usar herramientas en vez de armas.


Feliz semana a todos y hasta la próxima.