martes, 14 de julio de 2015

Querida abu, tengo tanto que contarte..


 Mi querida abuela:

Muchas cosas han cambiado desde que te fuiste; tantas que realmente no sé por dónde empezar. Seguramente si volvieras por aquí, lo primero que te llamaría la atención sería el ver a tanta gente andando por la calle con un teléfono en la mano; no van hablando solos abu, están comunicándose con otras personas. Igual que cuando lo hacías tú todos los días al salir del colegio, cuando metías el dedo en aquella rueda y marcabas, con toda la seguridad del mundo, el número de casa de mis padres. Aprendiste a hacerlo mecánicamente ya que no tuviste la oportunidad de aprender a leer y escribir; tu formación se redujo a varear la aceituna y aprender los quehaceres domésticos, el hambre apretaba y era necesario echar una mano en casa.  Aunque no lo creas, hay cosas básicas que unen a tu generación y a la mía, pero volvamos a eso que te contaba del móvil. Como te decía, esa gente (entre los que me incluyo), no está loca: se está comunicando. Antes llamabas a un lugar y ahora llamas a una persona; el móvil se ha transformado en un órgano más de nuestro cuerpo. Las cartas que tú escribías antes, ahora son emails y no las escribimos con la mano, sino con el móvil. No tenemos que esperar la llegada del cartero para recibirlas; ahora bastan unos pocos segundos para que la otra persona reciba lo que enviamos. La versión reducida e inmediata del email es el Whatsapp; pero la idea es muy parecida . Así nos comunicamos ahora, abu. Los álbumes de fotos ahora están en algo llamado «la red» ; ya no es necesario guardar aquellos álbumes enormes con fotos que tenías en tu casa, ahora basta con encender un teléfono móvil y conectarte a la red. Te parecerá que todo esto que te cuento es todo un avance; pero hay una letra pequeña de la que quiero hablarte para que sepas el precio de la Sociedad TIC en la que vivo; como tú bien decías : «nadie da duros a cuatro pesetas».
Imagínate que las cartas que enviabas pasaran por la manos de un tercero (casi que igual no hace falta que te lo imagines; viviste una infame Dictadura , sabes bien de lo que hablo) que las abría, las leía, daba información al Gobierno y las devolvía a su destino. Pues eso pasa ahora mismo también, querida abu. Y no, al menos en teoría, no vivo bajo una dictadura, aunque haya leyes que últimamente me invitan a reflexionar sobre hacia dónde vamos. Luchásteis por una libertad que ahora perdemos casi de forma voluntaria. Si te cuento que además la gente que me rodea lo ve con normalidad y que muchos me responden, ante mis reflexiones, que «no tienen nada que esconder» , seguramente seguirías sin entender nada. Pues eso no es todo, abu, ese que lee mis emails, mis whatsapp y demás, ni siquiera es el Gobierno de mi país; estos se enteran casi los últimos de todo y también son espiados, al parecer. Es el Gobierno de Estados Unidos el que sabe más de mí que mucha gente que me rodea. Alucinas, ¿verdad? Pues no dejes de leer que aún no he terminado. ¿Recuerdas los álbumes en la red de los que te hablaba antes, verdad? Pues lo de ver fotos no es lo único que puedo hacer con ellos: puedo ver las fotos de mis amigos en el mismo sitio y comentarlas, sin esperar a quedar físicamente con los propietarios. Incluso puedo guardarme copias sin que los que salen en ellas se enteren. Otra de las cosas que te sorprenderían es que es posible que puedan saber dónde estoy en cada momento y que hasta pueden saber la cantidad exacta de pasos que doy cada día. Incluso pueden saber qué bus cojo, la música que me gusta, mi talla de pantalón o el tipo de calzado que uso sin haberme conocido jamás. También pueden saber mis opiniones políticas, cuándo tengo un día ploff y mi sueldo mensual. He dejado para el final algo que seguramente te escandalice, tú que viviste en una época en la que esto que te voy a contar era un tema casi tabú: pueden saber cuándo me toca el período y hasta si estoy embarazada.
 
Pensarás, allá dónde estés, que nos estamos volviendo locos y no te quito razón. Como te comentaba antes, las cosas han cambiado muchísimo y tal vez nos estamos dejando en el camino cosas por las que vosotros luchásteis. Ojo: no todo el mundo es consciente de todo esto; hay personas que, simplemente, aceptan y firman lo que se les pone por delante sin mirar el precio a pagar, ni siquiera se paran a pensarlo. Fíjate la ironía que hay en todo esto: Tú, que no tuviste la oportunidad de aprender a leer tenías una conciencia de lo que suponía la privacidad más alta que los que seguimos por aquí. Afortunadamente ahora prácticamente todo el mundo sabe leer y escribir, pero pocos lo practican a fondo; qué cosas tiene la vida.

No quiero que al terminar esta carta te quedes con una sensación extraña, por lo que te voy a contar una cosa que seguramente te haga olvidar bastante de lo que te he contado antes: abu, mi querida abu, ¡ME HE LICENCIADO! Tú que me viste crecer protestando cuando creía que algo era injusto; que me apoyaste cuando negociaba con mis padres para seguir estudiando en aquel colegio público y evitar que me matricularan en un colegio privado (entendiste que no quería cambiar de amigos casi mejor que mis padres), tú que me viste aludir a "mis derechos" cuando mi hermana me picaba con los juguetes..Sé que siempre lo supiste, y me lo hiciste saber en alguna ocasión. Hoy me acuerdo de vosotros: de los campos jienenses que trabajásteis sin descanso desde bien pequeños, de vuestra mudanza a Madrid en busca de un futuro mejor, de aquella firma que hacías con tus iniciales, de tu mirada limpia y dulce, de tu olor y tu ternura, de aquellos bombones que siempre caían por mi cumpleaños y de aquella vaca que siempre pedías que te trajéramos del Bierzo y nunca pudo ser. Allá donde estés, GRACIAS POR TODO.

Te quiero, abu.




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