domingo, 23 de agosto de 2015

El derecho al olvido, a que me olviden o a exigirme que olvide yo.


Hola de nuevo!

Esta vez no quiero hacer un post con sabor jurídico; hoy me he propuesto escribir quitándome ese inevitable lado legal que tengo y quiero tocar un tema que está en boca de todos, pero hacerlo desde una reflexión personal: voy a hablar de derecho al olvido pero intentando "olvidar" la parte jurídica de él. Vamos a ver qué sale.

Innovación, Cuadro, Hombre, Pensamiento


No hace tanto estaba hablando con una amiga sobre una ruptura amorosa que tuvo hace, afortunadamente, bastante tiempo. Recuerdo cómo mi amiga lloraba pensando en lo que había vivido con aquel amor frustrado, acariciando cada momento vivido con una mezcla de dolor y nostalgia. Y entonces, me dijo algo que se me clavó en la mente: "es que yo tengo mi derecho al olvido: a olvidar aquel amor para empezar de cero y volver a rehacer mi corazón". Aquel "tengo derecho al olvido" volvió a mi mente cuando empecé a leer y formarme en esto del Derecho TIC; mi amiga apelaba al "derecho al olvido" pero desde un punto de vista personal; era un "yo tengo derecho a olvidarme de él" pero no un "tengo derecho a que él me olvide". Claro, ella se refería a que tenía que tener la oportunidad de volver a la casilla de salida y dejar atrás aquello que le hacía daño, y que nadie debía ponerle la zancadilla. Yo siempre le dije que su derecho a olvidar (que no al olvido) era legítimo y razonable; una forma de cicatrizar aquella herida, pero que su derecho a olvidar no iba a implicar que eliminara  aquellos sentimientos, era una especie de derecho a llevar al ostracismo aquel sentimiento tan fuerte, pero no lo vivido, ya que eso, le gustara o no, iba a acompañarle el resto de su vida. 
Como os decía, aquellos momentos vinieron a mi mente cuando empecé a interesarme en esto del Derecho TIC; cuando "derecho al olvido" prácticamente se convirtió en "derecho a que Internet olvide lo que una vez compartimos". En el caso de mi amiga, su "derecho al olvido" era SU derecho a olvidar; mientras que en el caso del Derecho TIC el "derecho al olvido" era MI derecho a que me olviden. Y entonces, relacionando ambas cosas, me planteé: "¿acaso mi amiga podía exigirle a aquel novio infame que olvidara también aquello que compartieron?". Obviamente, las consecuencias de uno y otro no son las mismas ni tienen las mismas repercusiones, pero vi claro que la palabra "olvidar" podía tener tantas aristas como queramos. Y ahora al ver todo esto del derecho al olvido y los problemas que plantea, a veces me asaltan dudas pseudofilosóficas sobre el alcance que puede o debe tener. Cada vez parece que nos preocupamos más por borrar los recuerdos en internet (en este link de Xakata podéis ver algunos datos muy interesantes) y de darle la vuelta a aquel "derecho al olvido" que propugnaba mi amiga. Así, haciendo un paralelismo de ambas situaciones, estamos exigiéndole a Internet que nos borre de "su mente"; pidiendo que rompa en pedacitos aquellas fotos que una vez compartimos, a pesar de que nosotros no podamos olvidar esas situaciones: se lo estamos exigiendo a un tercero, que nada tuvo que ver en aquellos momentos que decidimos hacer públicos, que los elimine. En cierto modo es como si mi amiga me estuviera pidiendo a mí que olvidara esas cenas, esas salidas y esos momentos con aquel amor de final infeliz. A mí, que nada tuve que ver en la historia de dos, que solo fui espectadora de su felicidad y posteriores lágrimas y que sólo fui el hombro y la oreja que necesitaba, tanto en los momentos buenos como en los malos. Seguramente si me lo pidiera, haría todo lo que estuviera en mi mano para ello, pero no porque crea en SU derecho a exigirme que olvide, sino por puro cariño y amistad; piel en la que Internet no puede meterse. Y ese quizás es uno de los problemas de base: Internet no tiene alma, no puede sentir amistad ni cariño, ni puede entender que lo que antes era bonito, a los pocos días o meses se ha convertido en un mal sueño. No puede ser tu hombro para llorar un desamor, como mucho puede ser un papel para escribir parte de tu historia. El problema surge cuando entendemos que el papel se ha convertido en piedra y cuando nos enfrentamos a la realidad más dura: no quiere ni puede entender por qué queremos obligarle a olvidar aquello que una vez le confiamos.. y parece que este golpe de realidad suele llegar demasiado tarde.  

Y hasta aquí llega mi post de hoy; muchas gracias por leerme y por pararte a compartir este ratito conmigo.


Hipopótamo, Cuadro, Juguete, Sombra

Hasta la próxima! ;-)